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¿Qué de la función paterna?

  • Foto del escritor: Dorian Chavez
    Dorian Chavez
  • 17 mar 2022
  • 8 Min. de lectura


Para este corto escrito trabajé varios textos de un autor en particular, Recalcati, psicoanalista italiano que pone en cuestión la función paterna desde su clínica y también desde su análisis de lo social, sin embargo, también pesqué ciertas pistas de trabajo de la autora Tania Roelens, que si bien es cierto también es europea, ha trabajado en Colombia, y a partir de aquel contraste aporta enunciados importantes.


Antes de empezar deseo enfatizar que el trabajo a exponer no es “LA FORMA” de la sociedad, no es un escrito para culpabilizar ni victimizar a nadie, es una aproximación que he tenido desde mi práctica, desde el trabajo con textos y de discusiones con colegas y amigos.


“Yo tengo tres hijos, tal tal y mi esposo, que también es como mi hijo” algo muy parecido a esta frase dijo una madre de familia en una de las primeras sesiones de trabajo que tuvimos, al ser una de mis primeras pacientes me sentí interesado por la manera en la que a partir de ese corto enunciado logró posicionar la posible función que tenía ella con respecto no solo a sus hijos, sino también a su esposo y en general en su familia. Para mi sorpresa esta frase se ha venido repitiendo en muchas más ocasiones, madres que ubican a su esposo o pareja dentro de aquellos a quienes hay que cuidar, educar, dirigir y demás actividades.


Al respecto de la función materna que aparentemente se presenta mucho más marcada, trazada casi de ante mano frente a las responsabilidades que enfrenta una mujer al convertirse en madre, también hay cierto movimiento que poco a poco comienza a desplegarse en nuestra sociedad. Roelens (2006) menciona que en Colombia, nuestro país vecino, la relación entre madre e hija se ve distribuida, con las particularidades en cada caso, de la siguiente manera: La mujer que ha tenido un hijo delega la crianza de este a su madre, quien se encarga y en muchas ocasiones se posiciona como la madre de sus nietos o nietas, mientras que la mujer que tuvo aquel niñ@ se centra en el trabajo para el hijo que ahora cuida su madre (abuela), ubicándose muchas veces como una hermana más en el circuito familiar.


En nuestro contexto no es difícil encontrar este tipo de relaciones en las cuales con cierta frecuencia el infante que está siendo cuidado por su abuela la llama “mami” y en el caso de haber un abuelo le dice “papi”. Más allá de analizar la manera en la cual el infante concibe estas relaciones, que como se mencionó, serán del caso por caso, esta aproximación, por lo menos con los pacientes que he trabajado y aún más, de la escucha de lo social, son ejemplos clásicos que se presentan en la cotidianidad.


En este corto relato hubo un “ingrediente” que pasó prácticamente desapercibido y que seguramente, espero equivocarme, tanto lectores como quienes nos escuchan no reclamaron ni se percataron de él. ¿Qué de la función del padre en esta intrincada relación que acabamos de mencionar? ¿Qué papel cumple? ¿Dónde está el padre?

La misma autora ejemplifica de manera concisa esta interrogante:


“Podemos reconocer algunas implicaciones de esta condición en nuestro funcionamiento social y sexual. Basta con escuchar expresiones familiares que estigmatizan al hombre como “un hijo más” para entender que, en el régimen matriarcal, la pareja predilecta es la de la madre y el hijo, dejando de diversas maneras al padre por fuera. La posición de éste es más bien la del “genitor”, como accesorio de ninguna manera necesario, más bien accidental. Por eso no es raro que se suspendan las relaciones sexuales con el ejercicio de la maternidad: la casa materna es más bien desierta de goce sexual carnal.”


“En ciertas regiones de Colombia se ve cómo el padre es más bien una figura de paso en el hogar y si permanece, su poder no es reconocido en cuanto a la administración familiar, revistiendo por ende una forma de autoritarismo arbitrario; un padre con el que no se trata ni se puede rivalizar, que toca ignorar, aun amar, sin cederle nada”


Colindando con esta línea Recalcati (2011) menciona que la familia como institución social puede sufrir varios cambios en relación con la cultura e historia por la cual se encuentra atravesada, sin embargo, la función educativa que esta mantiene no puede ser desplazada ya que el lazo familiar es el que acoge y humaniza al niño.


El acto de humanizar, según el mismo autor, no viene dado de por sí, es un trabajo que se ubica en relación con las funciones paternas y maternas, funciones que son apalabradas, que dan forma al niño desde antes del propio nacimiento y se desarrollan a lo largo de la vida, que acogen al sujeto en el mundo, que apuestan, parafraseando a Freud, porque en ese pedacito de carne exista un sujeto dispuesto a continuar con su vida.


Es decir, la familia y su constitución puede ir mutando, cambiando según el momento histórico en el que se encuentre, pero la función de la familia en el niño, más allá de su modificación (el de la familia), está en acoger al infans, humanizarlo, educarle, mostrarle el mundo bajo las tradiciones familiares y culturales, y como se dice en lo cotidiano: “prepararlo” para lo que viene.


Se podría decir que la función de la familia, entre muchas, es la de acoger y apalabrar, explicar el mundo al niño, aunque en la actualidad, y lo que posiblemente será tema para otro escrito, se inscribe en cómo el internet ha ido supliendo poco a poco ese lugar de saber cómo transmisión, es decir, antes que preguntar a padres o familiares sobre algún tema, el niño o niña se dirige a Youtube para aprender o conocer sobre algo.


Si el acto de humanizar y de crianza puede ser todo menos natural, es de suma importancia recalcar también que el instinto de maternidad y paternidad no existen. Esta propuesta sigue hilvanando la importancia de este acogimiento desde lo simbólico, entendiendo que para un lazo familiar no es suficiente “ser de la misma sangre”, va más allá de la herencia genética, el acto simbólico es el que permite asumir y ubicar en otra esfera un acontecimiento biológico, dando un lugar desde lo particular a ese otro que viene al mundo.


Este lazo que se entreteje alrededor y a través de significantes, también se ubica al respecto de la función paterna y materna. Como lo menciona Freud retomado por Recalcati (2014), la tarea de los padres es imposible, es una función que no se puede “formar” o “moldear”, entendiendo que cada sujeto que asume aquella posición lo hará desde sus propios “defectos”, no existe receta ni pasos, la singularidad es una condición de la cual no es posible escapar.


Por otro lado, el lugar de la familia tradicional conformada por la madre, padre e hijos en la actualidad es un “sueño no cumplido”. El aumento de divorcios y familias monoparentales cada vez es mayor, y hasta me atrevería a mencionar que en ocasiones es “la nueva normalidad”, jugando con los significantes de la nueva época. Sin embargo, lo que no es nuevo es que en ocasiones el padre se encuentre fuera de la familia, fuera por lo menos físicamente, aunque presente aun en su ausencia, Dor (1989).


En el pasado era común que el padre se ausente de casa para ir a trabajar mientras la madre laboraba en casa, sin embargo, la función paterna se encontraba aún en su ausencia, ¿de qué manera? A través de la palabra de la madre. Había un lugar que era resguardado, vehiculizado por la madre, un lugar que a pesar de la ausencia real del padre permitía una presencia simbólica construida a través de palabras. Más allá de que esto pueda sonar como una añoranza al pasado, que no lo es, la cuestión que interrogo aquí sucumbe a lo que menciona Roelens acerca de la función de “accesorio” del padre.


¿Qué se puede evocar de un padre que reviste una función accesoria en la familia? ¿Es necesaria la función paterna en la familia? ¿Qué de la posición del hombre con respecto a la función paterna? Entendiendo que no hay el “ser hombre”, sino más bien aquella posición desde lo particular con respecto a lo masculino, construido no solo desde lo social, sino también desde lo singular.


Ubicando estos puntos, que no por coincidencia resuenan en nuestra cotidianidad, habría que pensar que sucede en nuestro país, en nuestra clínica, con nuestras familias. ¿De quién es la decisión de tener hijos? ¿Es únicamente de la mujer? Preguntas de suma importancia que al momento no atañen directamente a nuestra discusión, pero que develan algo con respecto a la construcción familiar más allá de la función paterna, cuestiona y ubica la posición del hombre con respecto a su deseo o no de ser padre, la función que se espera de él, y la función que él espera poder cumplir. Aquel que desea “ser” padre más allá de donar la esperma ¿puede cumplir otra función importante?


Por momentos pareciera que no, Roelens comenta que es posible observar en la organización de lo social como ha sido desalojado el padre. Y a partir de este enunciado nos aproxima a la manera en la cual la función materna es cada vez más central como efecto del ocaso de la función paterna.


Dos puntos se enlazan, la posición de la pareja de la madre, posición de hijo, como se mencionó en un principio, y el rol que socialmente parece ubicar al padre como “accidental”, mismo que, como se puede evidenciar en muchos memes y chistes, al enterarse que va a ser padre el hombre desaparece, huye de aquella responsabilidad (¿o función?).


¿Que fue primero? ¿El padre desalojado de su función en la familia? O ¿El padre abandonando su función en lo familiar? Una interrogante que posiblemente no tenga respuesta, pero que sin duda alguna tiene un efecto en los hijos e hijas, en la construcción de la familia y la sociedad. En varias ocasiones he escuchado que la función paterna en el divorcio queda reducido al pago mensual dado por el juicio de alimentos, y a partir de aquello se producen un sinfín de problemas legales, arreglos y acuerdos en los cuales, desgraciadamente, de por medio se encuentran los hijos a quienes se les restringen las visitas del padre, o en otros casos, padres que no visitan a sus hijos o únicamente son visitados en el tiempo libre.


Existe una confusión entre el desvanecimiento de la relación amorosa de la pareja y el desembarazo de la función paterna, de la herida dada después del rompimiento y la capacidad para vehiculizar mediante la palabra la función paterna. Y a través de estos conflictos el deseo de una convivencia “sana” es la promesa por cumplir de cada semana.

Una colega en alguna supervisión de casos ubicó al rol paterno, que no es lo mismo que la función paterna, después del divorcio como el de un cajero automático. Excelente metáfora, que por momentos pareciera apuntar más a lo literal, para referirse al papel que cumple aquel que está ausente no solo físicamente, también está ausente desde su presencia simbólica, aquella que se configura por la palabra, de la cual, sin duda alguna, desde mi posición, no solo es vehiculizada por la madre, aunque este punto sea fundamental, también necesita del padre y de su deseo de apropiarse de aquella función, función necesaria para la constitución del infante.


No pretendo dar una respuesta a la pregunta que motivo este trabajo, espero no haberlo hecho. El afán consistía en describir “cotidianidades” para a su vez lograr cuestionarlas abriendo un debate que no quede entre colegas de diversas profesiones, si no que logre, de una manera u otra, captar a aquellos hombres y mujeres, padres y madres que ubican un malestar con respecto a lo que acabamos de analizar.


Referencias


Dor, J. (1998) El padre y su función en psicoanálisis, Buenos Aires, Argentina: Ediciones Nueva Visión


Recalcati, M. (2011) ¿Qué queda del padre? La paternidad en la época Hipermoderna, S/C: Xoroi Edicions


Recalcati, M. (2014) El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor, Barcelona, España: Editorial Anagrama


Roeles, T. (2006) Bailando al borde del abismo. De la violencia y de la felicidad en el matriarcado. Desde el jardín de Freud (6) pp 206-215

 
 
 

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