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Breve acercamiento sobre la violencia

  • Foto del escritor: Dorian Chavez
    Dorian Chavez
  • 22 mar 2022
  • 4 Min. de lectura



Esta breve aproximación sobre la violencia fue parte de una entrevista escrita en la que participé tiempo atrás.
El escrito versa sobre lo que en mi práctica clínica he logrado trabajar al respecto, sin embargo, no se adentra en la problemática al detalle, es más bien un acercamiento descriptivo con análisis y reflexiones breves.


  • 1. ¿Cómo evitar que se dé la problemática de la violencia?


Un acercamiento posible a la problemática de la violencia en general es partir de la concepción de la irrupción del acto por encima de la palabra. Es decir, cuando el lazo que tejen las palabras entre una persona y otra se rompe, algo en la relación no se sostiene y las palabras no logran suturar las dificultades que se dan entre sujetos, ya sean pareja, hermanos, amigos, padres e hijos etc.


Para graficar esta aseveración nos servimos de la típica frase ecuatoriana, “la letra con sangre entra”. Esta expresión que se ha mantenido durante el tiempo, y entre los diversos análisis que puede tener, podría ejemplificar las dificultades que existen cuando un adulto intenta y no logra “enseñar” algo a un niño/a.


Es común escuchar que después de varios intentos de explicación, de dialogo y paciencia, en un momento las palabras no alcanzan y lo sentimientos de frustración, enojo e impotencia empiezan a aparecer hasta que finalmente la acción (golpear, gritar o insultar) irrumpe contra el otro violentándolo. Resulta necesario aclarar que el habla también es un acto que como puede acoger, también puede violentar.


En continuidad con este breve análisis, esta frase indicaría, erróneamente, que a través del efecto que un acto violento pueda causar, el sujeto que recibe el maltrato podrá interiorizar algo de lo que se pretende “enseñar”, y deja entrever que los malos tratos son un camino idóneo para “educar”, lo que excluye completamente los efectos del buen trato y de aquello que va más allá de la educación, es decir, la transmisión, la relación entre el enseñante y el aprendiz, el lazo y la significación de lo que se desea aprender o no con respecto al estudiante, y demás factores que intervienen en el aprendizaje, que muchas veces se lo reduce a un traspaso de información.


Muchas veces el valor de la palabra en las relaciones (relaciones de amistad, familiares, amorosas etc) no tiene el peso que debería tener, lo que dificulta relacionarse y lograr solventar dificultades que podrían mediarse a través de la palabra. La palabra también puede acoger, y permite conocer y validar al otro en su diferencia, y a su vez nos da la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos para tomar responsabilidad de la manera en cómo nos relacionamos con otros.


En lo referente a la violencia de género, es importante trabajar no solo con mujeres, sino también con hombres para cuestionar ciertas posiciones y "certezas" con respecto a los llamados roles de género y el poder que puede ejercer un individuo frente a otro, pues en la violencia, cualquiera que sea su tipo, el poder es un eje central.


Es importante apostar por la reflexión que el propio sujeto pueda hacer, más allá de “educarlo” en cómo debería ser. Invitar a la persona a cuestionar y repensar temas con respecto a las relaciones que se pueden dar entre hombres y mujeres, entre adultos y niños, entre amigos, familiares, y, en fin, entre dos sujetos que intentan trazar un lazo social que les permita acompañarse en diversos momentos de su vida.


Este es un paso importante para tomar responsabilidad, cada uno desde su lugar, en cómo nos relacionamos con nuestro entorno.


  • 2. ¿Por qué cree que muchas mujeres no denuncian ni piden ayuda al tratar con la violencia de género?


Existen varios factores para que una mujer decida no denunciar o pedir ayuda. En ocasiones puede ser por vergüenza, por miedo a la propia pareja, por desconocimiento de los medios para pedir ayuda y un sinfín de posibles causas que probablemente se anuden al descuido total en lo que respecta a la salud mental por parte de lo social.


En nuestra cultura, la salud mental es un tema poco abordado no solo por las personas en general, sino por el mismo Estado y hasta por otros profesionales de la salud. Un ejemplo que se ha podido visibilizar en este tiempo de crisis ha sido el aumento de suicidios, depresión, angustia, ataques de pánico y más efectos de la pandemia en los cuales no ha habido una política pública clara que ponga sobre la mesa la importancia de la salud mental.


Es común escuchar que muchas personas al preguntarles si irían a un psicólogo responden: “yo no creo en eso”. Es decir, la salud mental se encuentra en el terreno de la creencia, algo parecido a la superstición, cuando el psicoanálisis y la psicología clínica son una ciencia (cada una desde su paradigma) que no depende de que se “crea o no en ella”. ¿Alguna vez se ha escuchado que alguien no crea en un arquitecto o en un ingeniero en sistemas?, parafraseando a un estimado colega.


Volviendo al tema central, es importante recordar que existen casos, no pocos, por cierto, en los cuales las consecuencias para sus parejas tras la denuncia pueden ser graves, por lo que muchas mujeres prefieren esperar o apostar a que la relación mejore.


El querer mantener unida a la familia, y por el “bien” de los niños, es otra de las frases que algunas mujeres suelen mencionar cuando se les pregunta, o se preguntan ellas mismas porque dejaron que avance hasta tal punto la relación de maltrato.


Es necesario tomar en cuenta que fenómenos que pueden analizarse como sintomatológicos, es decir, que son la parte visible del malestar que tiene la persona, eso que aparece como “obvio” para los demás, en la gran mayoría de los casos no resulta evidente para la persona que lo experimenta, y esto sucede con gran parte del malestar psíquico que pueda tener un sujeto, no solo en lo referente a la violencia de género.

Por otro lado, la violencia en nuestra sociedad está muy normalizada, y aunque en ocasiones la persona sienta malestar, perciba que algo no va bien y hasta se llegue a cuestionarse sobre su relación, llegar al punto necesario (este punto es singular para cada uno) para pedir ayuda es un paso que no es fácil de dar, y que puede tardar mucho tiempo, o en ocasiones nunca podría llegar.

 
 
 

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